Buenos Aires. Cruzando el charco IV.

Siempre hay cosas nuevas para descubrir en Buenos Aires, así que la última Semana Santa/De Turismo aproveché esas minivacaciones para visitar a mi vecina favorita y de paso disfrutar del teatro -vi “Falladas” en el Multiteatro de la calle Corrientes-, música -fui al show de percusión “La Bomba del Tiempo” en el Centro Cultural Konex-, conocer una nueva zona comercial -el distrito Arcos, creado donde había antiguos galpones de ferrocarril abandonados-, visitar un barrio que no conocía (el barrio Chino) e incluso pasar un día de campo en las afueras de la ciudad, con cabalgata incluida. Además, disfrutar del reencuentro con una querida amiga argentina y de alojarme en un hostel boutique porteño donde me siento como en casa, el Caravan BA.

VIERNES 7 DE ABRIL. Salí de la oficina un ratito más temprano que de costumbre y fui a la Terminal Tres Cruces (la principal de Montevideo), llegue sobre la hora y no tuve tiempo de cambiar los pesos uruguayos que tenía en efectivo a dólares (gran error: en Buenos Aires recordaría lo difícil que es encontrar casas de cambio fuera del barrio MicroCentro). Me encontré en la puerta con mi amiga Caro y con ella salimos a las 17.45 rumbo a Buenos Aires en el paquete de SeaCat, la línea económica de Buquebús, que utiliza un barco más pequeño que las otras propuestas de la firma y donde si se sacan pasajes con tiempo se encuentran con precios muy en cuenta (800 argentinos ida y vuelta – unos 1600 uruguayos o 55 dólares) y que te lleva en ómnibus hasta Colonia (unas tres horas) y luego cruza el Río de la Plata en barco, llegando a la terminal portuaria del Buquebús en menos de una hora.

Al llegar nos tomamos un taxi hasta Palermo para ir a nuestro hostel, el Caravan BA, dejamos los bolsos, y como está super bien ubicado (Uriarte 1642 entre Honduras y Santa Rosa, a dos cuadras de Plaza Serrano) pudimos ir a comer algo por ahí caminando. A la vuelta Caro se fue a dormir enseguida, mientras que yo bajé al patio a fumar un cigarrillo y terminé hablando dos horas con un alemán, un colombiano, un filipino y una americana que se estaban quedando en el hostel.

SÁBADO 8. Día gris, de calor húmedo y pesado, con lluvia pronosticada que por suerte se largó recién hacia las 4 o 5 de la tarde. Desayunamos en el hostel y nos fuimos hasta el Distrito Arcos, un paseo comercial abierto de outlets en el límite entre Palermo Soho y Palermo Hollywood, que inauguraron hace pocos años donde antes había viejos galpones ferrioviarios con grandes arcadas, en estado de abandono.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

Distrito Arcos.

En sus instalaciones hay también un cine, plaza de comidas, y está la Fototeca Latinoamericana (FoLa), donde se estaba exponiendo una muestra de instantáneas callejeras muy interesante de la fotógrafa neoyorquina Vivian Maier -está vigente sólo hasta el 11 de junio, así que si leen esto a tiempo vayan ya. Aunque si hablamos de arte callejero, lo que guió mi paseo durante el día entero fue los murales que fui encontrando por casualidad en el camino. Palermo tiene eso de que te encontrás con tremendas pinturas callejeras donde menos te imaginás.

De ahí caminamos hasta Plaza Serrano, almorzamos ahí, recorrimos algunas tiendas -esa zona tiene la particularidad que funciona como feria de diseñadores durante el día, y a eso de las 20 hs. levantan los percheros y los lugares se convierten en restaurantes-pubs. Después seguimos caminando hasta los outlets de las calles Gurruchaga y Aguirre (unas 10 cuadras de Plaza Serrano) para terminar nuestro circuito frustrado de compras. ¿Porqué frustrado? Porque el recorrido de hoy podría ser uno de los ideales, pero si leyeron posteos míos sobre viajes de años anteriores a Buenos Aires, donde les contaba que estaba tan barato en materia de precios que daba para ir con la valija vacía y traerse todo… ¡lamento contarle que ahora es todo lo contrario! De todas formas disfrutamos mucho el paseo, yo estaba con cero expectativa de compras así que no me frustré, además Caro encontró alguna que otra cosa linda y en cuenta para sus nenes, aunque a pura paciencia (habíamos llegado a un punto donde ella entraba a las tiendas y yo entretanto recorría la cuadra fotografiando murales)

Volviendo nos agarró un chaparrón, que no nos impidió pasar a nuestro regreso por Paul Deco French Gallery (Gorriti 4865) una de mis casas de decoración preferidas en Buenos Aires, que también incluye una cafetería y un vivero. Pero fue una parada corta, porque teníamos que bañarnos y cambiarnos nuestras ropas empapadas para ir al teatro. Que hablando de eso, un golazo es que habíamos sacado las entradas anticipadas, por internet desde Uruguay, dado que si no lo hacés muchas veces vas a Buenos Aires con toda la intención de ir al teatro y después terminás sin tickets.

Así que del hostel nos tomamos un Uber -funciona también en Buenos Aires, y a diferencia de Uruguay, no solo acepta pagar con tarjeta sino también en efectivo- hasta la calle Corrientes para ver la obra “Falladas” en Multiteatro, una comedia contemporánea protagonizada por cuatro amigas y su psicóloga, interpretada por actrices conocidas de este lado del charco: Carolina Papaleo, Valentina Bassi, Cecilia Dopazo, Patricia Palmer y Andrea Politti. La encontré muy recomendable, hace tiempo que no me reía tanto ni me sentía tan identificada con una obra.

Obra “Falladas”, en Multiteatro.

En la calle Corrientes

Calle Corrientes, Buenos Aires.

Calle Corrientes, Buenos Aires.

Además, siguiendo el consejo de los dueños del hostel, al terminar la obra elegimos comer en Guerrín, una de las pizzerías de la calle Corrientes. Confieso que al entrar me empecé a arrepentir por lo ruidosa, repleta y sobreiluminada, pero cuando llegaron las pizzas agradecí haber seguido la sugerencia: están en la lista de las mejores pizzas que probé en mi vida.

DOMINGO 9. Desayuné con Caro hasta que se fue, me cambié de cuarto -con Caro estábamos en una privada, ahora que estoy sola por economía elegí una compartida, aunque solo de chicas- y a eso de la una vino una amiga argentina, Nahima, a buscarme para almorzar. Fuimos a un lugar que se llama La Panera Rosa, tiene varios locales -nosotras comimos en el que queda en Plaza Armenia- y me pareció riquísimo! Pedí unos crepes espectaculares, que vinieron con aros de cebolla, y de postre compartimos una torta que está en la lista de lo mas delicioso que comí en mi vida.

La Panera Rosa

La Panera Rosa

La Panera Rosa.

La Panera Rosa.

Al terminar dimos una vueltita por ahí, entramos a algunos locales -entre ellos Casa Chic Kosiuko, que mezcla una posadita con ropa de esa marca y objetos de decoración- y estaba tan feo el clima, pesado y lluvioso, que terminamos en el Caravan BA charlando y tomando mate hasta las siete de la tarde. De a ratos se nos sumó Dani, la dueña del hostel, y por momentos otros viajeros. Con Nahima vivimos juntas en Nueva Zelanda durante nuestras épocas de working holidays, este reencuentro ese condimento especial de haber sido en un lugar de viajeros.

LUNES 10. El lunes después de desayunar me tomé un ómnibus (colectivo le dicen los argentinos) hasta el MicroCentro de la ciudad para comprar un par de encargos y aproveché para conocer las oficinas de Daytours4u, un portal turístico que ofrece todo tipo de paseos en Uruguay, Argentina, Brasil y Chile, donde empecé a escribir hace unos meses artículos que difunden el turismo y la cultura uruguaya.

Después, en otro “colectivo”, me fui a conocer el “Barrio Chino” de la ciudad, que queda en la zona de Belgrano (al norte de Palermo) y que se concentra en pocas cuadras de la calle Arribeños, donde hay restaurantes y supermercados con productos asiáticos, además de unas cuantas estatuas y esculturas de la región, entre ellas una arcada gigantesca que da la bienvenida. Es un paseo pintoresco, interesante, que re vale la pena si uno va a Buenos Aires y busca hacer algo distinto -y comer algo diferente.

Barrio Chino de Buenos Aires.

Barrio Chino de Buenos Aires.

Barrio Chino

Barrio Chino

Barrio Chino

Barrio Chino

Supermercado del Barrio Chino

Supermercado del Barrio Chino

Supermercado del Barrio Chino

Supermercado del Barrio Chino

Hasta el hostel tuve que volver en taxi porque se me hacía tarde: habíamos quedado en juntarnos ahí con varios integrantes de La Comunidad Viajera, un grupo de blogueros de viaje compuesto por periodistas, fotógrafos y trabajadores del turismo, del que tengo la fortuna de formar parte.

Con algunos de ellos fuimos después a comer, a la cantina de un club de fútbol que queda enfrente (Buffet Oca) donde me partí la boca con unos ñoquis caseros con pesto, mientras seguíamos compartiendo anécdotas de viajes con los chicos.

MARTES 11 a VIERNES 14. Desayuné, armé mi bolso, estuve charlando un rato con Dani y Guido -el hermano- y me fui muy tranqui en Uber hasta la terminal de ómnibus Retiro para tomarme un bus a Rosario. Si bien los pasajes se pueden sacar online en el sitio Plataforma10, me la jugué de sacarlo personalmente al llegar y me dio suerte: el mismo pasaje, de la misma compañía y la misma hora, me salió unos 60 pesos argentinos menos (es decir, unos 120 uruguayos). Una gran pereza de la estación es que tenía las escaleras mecánicas rotas. Yo estaba con valija (básicamente cargada de libros de La Comunidad Viajera, porque ya les conté que compras no hubo ni una de lo caro que estaba todo) y putié en todos los idiomas habidos y por haber por el hecho de que tuvieran rotas (o apagadas) las escaleras. ¡En un sitio donde la gente viaja, por lo que va cargada, que HDP! Además me venía un poco sumada la bronca por la dificultad de encontrar casas de cambio (fuera del MicroCentro de la ciudad es muy difícil encontrar) así que me fui a Rosario un poco cruzada por el hecho de que una ciudad tan grande e importante como Buenos Aires estuviese en esas cosas peor preparada que Montevideo para recibir a los turistas.

(si quieren leer sobre mis aventuras en Rosario solo tienen que ver ESTE POSTEO).

Volví a Buenos Aires el viernes 14, a eso de las 20 horas, y de Retiro me fui directo al hostel, donde nos quedamos charlando con otros huéspedes – dos cordobeses, un canadiense y una pareja de kiwis-, pedimos pizza de delivery y tomamos cerveza (en el hostel venden la marca de cervezas argentinas artesanales Otro Mundo y se convirtió en mi bebida favorita durante toda mi estadía, sobre todo la variedad IPA).

SÁBADO 15. Cómo uruguaya que creció en el campo probablemente ir a pasar el día en un campo no sería de los programas que pensaría en elegir durante una estadía corta, pero Nohelia (la directora de Daytours4U) me invitó a ir con su hijo a pasar el día en la Estancia Santa Susana, que queda a poco más de una hora de la ciudad de Buenos Aires, en la zona de Cardales.

Nos levantaron a las 10 de la mañana en el punto de encuentro más cercano (un hotel de Palermo), en una camioneta que compartimos con unas 12 o 14 personas, y antes del mediodía ya habíamos llegado al establecimiento rural, donde nos recibieron con vino tinto y empanadas. Anduvimos a caballo, en grupos de unas diez personas, mientras otras familias con niños más chicos optaban por pasear en carretas. Después recorrimos el establecimiento, una casona del siglo XIX que incluye una pequeña capilla, en la que se exhiben fotos de varios casamientos allí efectuados. La residencia en si también es actualmente un museo de tradiciones criollas y gauchescas, con ropa y muebles de época.

A continuación el punto más fuerte de toda la visita: ¡el asado! Tanto Argentina como Uruguay son famosos por su carne y la forma más típica de comerla es asada a la parrilla, acompañada por chorizos y también pollo para quienes no gustan tanto de las carnes rojas. Como acompañamiento, en las mesas se colocaron fuentes con ensaladas -y botellas de un vino tinto de origen mendocino, el acompañamiento ideal de este tipo de comida.

El comedor de la estancia tiene un escenario, y allí ofrecieron mientras almorzábamos una demostración de habilidades criollas, como boleadoras y zapateo, además de danzas folclóricas como el malambo, la milonga y el tango. Sirvieron de postre flan casero con dulce de leche -clásica delicia del Río de la Plata- y luego salimos al jardín porque volvieron a tomar protagonismo los caballos, dado que los gauchos anfitriones demostraron varias destrezas al galope. El programa terminó pasadas las cuatro de la tarde, y sobre las cinco y media ya estábamos de nuevo en Buenos Aires. El paseo completo se puede comprar online en la página de DayTours4U y vale 137 dólares, con transporte, ingreso, cabalgata, almuerzo y bebidas incluidas.

Al regresar al hostel me sumé rápidamente a un grupo que se armó para ir a ver el espectáculo de percusión improvisada “Bomba de Tiempo”, que desde hace once años se representa todos los lunes en el Teatro Konex (Sarmiento 3131, entrada 150 pesos argentinos, unos 300 uruguayos; el espectáculo lo ves parado como si estuvieras en un boliche, venden cerveza Quilmes y algunas cosas de comer). Fuimos con el canadiense y los dos cordobeses que habíamos cenado ayer, más dos franceses y un argentino nuevo. Tuve una suerte tremenda, porque en realidad la Bomba de Tiempo solo suele ser los lunes, y yo me la había perdido el último por tener la reunión de bloggers así que me había quedado con las ganas. Afortunadamente, por ser Semana Santa/De Turismo, habían decidido poner una función extra.

Bomba de Tiempo

Bomba de Tiempo

Bomba de Tiempo

Bomba de Tiempo

Cuando llegamos acababa de empezar y duró unas dos horas más. De ahí fuimos con el grupete a la cervecería Antares, donde terminamos la noche con hamburguesas y cerveza.

Post concierto en Antares.

DOMINGO 16. Todo viaje, sea corto o largo, tiene su final, y este cierre no tuvo nada de especial. Desayuné en el hostel (quizás eso haya sido lo mejor del día, porque los desayunos del Caravan están llenos de sorpresas caseras, un día me encontré palmitas recién salidas del horno y otro día con alfajores). Me pedí un Uber a la terminal de Buquebús (147 pesos argentinos, unos 10 dólares, un precio razonable) y ahí me tomé el barco SeaCat que salió a las 11.30 horas. Treinta minutos más tarde ya estaba llegando al lado uruguayo y terminando mis minivacaciones.

Selfie con Dani en la puerta del Caravan. ¡Hasta la vista!

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