Rotorua está en el aire

Kirau Park, Rotorua

Kirau Park, Rotorua

La primera advertencia que te hacen los kiwis cuando decís que vas a Rotorúa es: ¡It stinks! Por su actividad volcánica y gran concentración de azufre en el aire, la ciudad tiene un olor que para algunos recuerda al de un huevo podrido. Aunque es más la fama que la realidad, y este olor tan famoso solo se da en algunas partes de la ciudad, cerca de los geisers o parques desde donde sale el humo volcánico producto de la actividad geotérmica tan fuerte en esa zona.

Lago Rotorua

Lago Rotorua

 Este fin de semana con un amigo decidimos por fin ir a esta ciudad de unos setenta mil habitantes que además de ser famosa por su actividad geotérmica es también la de mayor concentración de descendientes maories , por lo que es el lugar ideal para aprender un poco más sobre sus costumbres y disfrutar en vivo de un haka, la danza tradicional guerrera que en el mundo es tan conocida porque los All Blacks la bailan antes de cada partido.

Salimos el sábado (5 de mayo) muy temprano en un bus de la compañía Nakedbus (www.nakedbus.con.nz) y antes del mediodía ya habíamos dejado las valijas en el hotel y estábamos prontos para recorrer los puntos de interés del centro de la ciudad -Rotorúa es muy chiquita, pero tiene también muchas atracciones en las afueras, a las que no se llega caminando.

Puerta de los Government Gardens

Puerta de los Government Gardens

Puerta de los jardines

Puerta de los jardines

No había tenido tanto tiempo de preparar este miniviaje, así que confié en mi guia de Lonley Planet y decidí seguir el recorrido que propone. Así que empecé el paseo en los jardines Government Gardens, entrando primero al Museo de Rotorúa, una construcción enorme con forma de bungalow suizo que a principios del siglo XX funcionaba como spa medicinal.

Vista de los Government Gardens desde la terraza del Museo

Vista de los Government Gardens desde la terraza del Museo

En el Rotorua Museum of Art and History actualmente se conservan algunas de las bañeras y piscinas antiguas que se usaban cuando era spa, pero también hay un ala dedicada al arte maorí, otra para exposiciones modernas -cuando fuimos había una de comic, ciencia ficción y arte fantástico neozelandés- y un mirador en el piso superior desde donde se ve el Lago Rotorua (impresionante porque por la actividad geotérmica le sale humo en algunas partes) y todo el Government Gardens– el parque donde está el museo, que incluye las primeras fuentes de humo volcánico que vimos.

Una de las fuentes de actividad geotérmica que hay en los Government Gardens

Una de las fuentes de actividad geotérmica que hay en los Government Gardens


En ese parque de estilo inglés también están los Blue Baths (www.bluebaths.co.nz), unas piscinas que datan de los años 30 y conservan el estilo de esa época. Tienen una piscina grande abierta, templada (la entrada vale 11 dólares) y en los costados otras más chicas más calientes de las que sale humo. Ahí hicimos un break de una hora para bañarnos, y después salimos del parque a través de los Princes Gate Arches (arcos de la puerta del príncipe) unos portones tallados al estilo maori. Pasamos por la puerta, pero no entramos, del Polynesian Spa (Hinemoa St., www.polynesianspa.co.nz) que existe desde 1882, cobra 20 dólares la entrada, y al parecer es el más famoso de los spa termales de la ciudad.

 Eran casi las tres de la tarde y obviamente teníamos muchísima hambre cuando llegamos a Tutaneki St., la calle principal de pubs y restaurantes de la ciudad. Después de recorrerla -la parte céntrica no dura más de dos cuadras- elegimos Café 1115 (http://1115.co.nz), donde pedí un pescado con ensalada que figuran en el top 10 de las mejores comidas que tuve en el mes y medio que llevo en este país.

Kuirau Park

Kuirau Park

A continuación agarramos la calle Pakuatua St. rumbo al Kuirau Park, un parque céntrico de entrada libre donde se puede ver muchos focos de actividad geotérmica, que incluyen estanques de agua hirviendo, de barro burbujeante o de humo. El único inconveniente es que no está bien señalizado y el humo no se ve desde Pakuatua, así que nos pasamos en varias cuadras y tuvimos que dar marcha atrás, con lo que perdimos casi una hora. Una vez que llegamos al centro del parque vimos algunos sitios con carteles que decían “Danger, thermal area”, en pozos rodeados de plantas y barandas, de donde salía humo y ese olor tan típico de la ciudad. En la medida en que fuimos avanzando encontramos cada vez zonas geotérmicas más grandes, hasta llegar a un lago que parecía sacado de una película, con un puentecito en el medio rodeado por la neblina termal.

Estas fotos son de un lago surrealista de Kuirau Park

Estas fotos son de un lago surrealista de Kuirau Park

Después agarramos dirección norte, hacia el lago Rotorua, y en sus orillas nos encontramos con Ohinemutu, un antiguo pueblo maori donde está la casa de encuentro maori Tama-te-kapua Meting House. La entrada está prohibida a los visitantes, pero justo estaban haciendo una especie de retiro y dos mujeres maori con las que conversamos nos invitaron a entrar -pero descalzos y sin sacar fotos, en señal de respeto. Adentro había un montón de personas con sacos de dormir y equipaje, como si fuera un campamento, porque estaban durmiendo todos ahí.

Ohinemutu

Ohinemutu

Marae (templo o lugar de encuentro maori) de Ohinemutu

Marae (templo o lugar de encuentro maori) de Ohinemutu

Ohinemutu

Ohinemutu

Enfrente a este lugar vimos una iglesia cristiana, la St. Faiths`s Anglican Church, que tiene en sus paredes a un Cristo vestido con una capa maori -pero no pudimos entrar porque ya había cerrado.

Ohinemutu

Ohinemutu

Bordeamos el lago, nos sentamos a mirar el atardecer y después de pasar por el hotel a bañarnos y cambiarnos fuimos por consejo de Lonely Planet a cenar a Pig & Whistle (en Huapapa St., www.pigandwhistle.co.nz) un pub típico que queda en la antigua comisaría de la ciudad. Un consejo acertado: aunque la ciudad estaba bastante vacía -nos dimos cuenta que mayo es temporada baja- acá estaban concentrados la mayoría de los locales y visitantes. No podía creer cuando vi que el menú decía schnitzel -milanesas en alemán- así que me di el gusto de pedirlas, porque no las probaba desde que me fui de Uruguay. Cuando nos fuimos, a eso de las once, ya las luces estaban bajas y en el salón del fondo habían retirado las mesas y algunas personas ya habían empezado a bailar.

 El domingo 6 nos levantamos, desayunamos y caminamos 3 kilómetros por la calle Fenton St. hasta llegar a Te Puia, reserva termal, parque y centro cultural maori donde está el famoso géiser Pohutu, el más grande de la zona. Pohutu quiere decir “gran explosión” y el nombre es acertado porque alrededor de veinte veces por día el géiser escupe agua con un altura de hasta treinta metros. La impresión al verlo es de una fuente de aguas danzantes, solo que en vez de un sistema de riego, es la propia naturaleza la ingeniera.

Géiser Pohutu, en el parque Te Puia

Géiser Pohutu, en el parque Te Puia

En este parque también vimos un haka -tradicional danza de guerra maori- y otras danzas tradicionales, como poi, la canción de Hinemoa y Tutanekai, los Romeo y Julieta del Pacífico -aunque estos tienen un final feliz: Hinemoa se escapó de su tribu para llegar a la de su novio, y fueron tantos los riesgos que corrió que cuando la encontraron con Tutanekai la perdonaron y les permitieron casarse.

El show dura 40 minutos, se realiza cuatro veces por día (10.15, 12.15, 3.15 y 6.15) y cuesta 11 dólares. Esto además de la entrada al parque, que para adultos está entre 50 y 60 dólares -hay descuentos para estudiantes y también con cupones de entre 10 y 15 por ciento que están en muchísimos folletos turísticos. En mi opinión vale la pena pagarlos, porque el combo geiser-mud pools-kiwibirds-cultura maori que ofrece es super completo.

Mud pools (piscinas de barro hirviendo) del parque Te Puia

Mud pools (piscinas de barro hirviendo) del parque Te Puia

En Te Puia hay un guia maori que, cada hora en punto, organiza un recorrido. Nos guió para que llegáramos a ver las mud pools (piscinas de barro burbujeante) y también un kiwi-bird (el pájaro típico del país, que resultó ser bastante más grande de lo que parece según los folletos, pero casi no se veía por la oscuridad de su cueva y lo grueso del vidrio que nos separaba).

Pero lo mejor es que explicó algunas tradiciones maories, como que por ejemplo el monumento principal de la entrada, que se llama Te Heketanga a Rangi y muestra un círculo con doce esculturas, es en homenaje a los doce guardianes celestiales de su cultura. Casualmente, marcó el guía, doce es un número que se repite en muchas religiones y creencias: los doce apóstoles cristianos, las doce tribus de israel -descendientes de los 12 hijos de Jacob- y los doce meses del año, entre otros ejemplos.

El guía también nos hizo prestar atención sobre una fuente con una piedra gris verdosa en el centro. Era de jade, una piedra que para su cultura tiene una connotación importante, está presente tanto en adornos como en armas y se conoce simplemente como “greenstone”.

En el Te Puia también entramos a una de las tiendas maories de recuerdos más grandes que vimos, con todo tipo de merchandizing. En el interior de Te Puia funciona también una de las escuelas de escultura y grabado maori más importantes del país: para ser alumno solo se puede tener entre 18 y 30 años, ser hombre y descendiente de maori. Por eso no tienen más de 15 alumnos al año, lo que hace que este arte siga siendo exclusivo -y las esculturas sigan valiendo arriba de los mil dólares.

Terminamos este fin de semana espectacular con unos mates enfrente al lago, y después un café con carrot cake en Fat Dog, un bolichito en la calle Arawa Street con mesas y sillas de diferentes formas y colores.

Fat Dog, en Arawa Street

Fat Dog, en Arawa Street

Si bien no nos dio el tiempo para cumplir el último de nuestros planes -subir al Monte Ngongotaha, que se hace en unas aerosillas que se llaman Skyline/Góndolas- porque queda varios kilómetros al norte de la ciudad (veníamos de Te Puia, que queda 3 km al sur) y teníamos el bus de vuelta a Auckland marcado para las 5.30 pm, el paseo no dejó de ser perfecto.

 Entre las cosas que quedaron para otra vez también está una cena hangi -banquete maori que se cocina bajo tierra con rocas calientes- que siempre viene como combo con un concierto maori. Esto se puede hacer en algunos de los hoteles y restaurantes de la ciudad, pero también en la propia Te Puia o en villages maories como Tamaki (15 quilómetros al sur, www.maoriculture.co.nz) o Mitai (www.mitai.co.nz). Pero quedan más de diez meses por delante así que no hay dudas de que esta no va a ser mi última oportunidad del año para acercarse a la cultura, tradición y gastronomía maori.

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