San Andrés, la isla de la fantasía

Día 11 en Colombia, jueves 24. Cartagena-San Andrés

El avión tuvo como dos horas de atraso así que llegué a San Andrés a la una o dos de la mañana. Antes de subirme al avión había tenido un percance enorme: te cobran un impuesto para subirte a cualquier avión que vaya a San Andrés, pero aceptan solo efectivo! Yo tenía plata en la cuenta y llevaba la tarjeta de crédito pero nada de cash encima y no me habían avisado así que el avión ya estaba embarcando. Por suerte una pareja enseguida me ofreció pagármelo, unos divinos.

Al aterrizar en San Andrés lo primero que hice fue buscar un cajero para sacar plata y devolverla. El taxi que me estaba esperando -desesperado por llevarme al hotel e irse- fue súper mala onda, algo que tengo que advertir es que en los aeropuertos se te abalanzan y no te dejan ni ir al baño (mejor ir en el avión, o antes de pasar el check out) y mucho menos fumarte un pucho tranquila antes de subir al auto.

En fin, agotada llegué a mi hotel, el Decameron Aquarium, directo a la habitación, donde me esperaba Florencia, la desperté, charlamos unos minutos y enseguida nos dormimos.

Día 12 en Colombia, viernes 25. San Andrés

Desayunamos -había de todo!- y nos fuimos hasta la agencia de viajes del hotel (si, el hotel tiene su propia agencia!) a marcar un paseo en barco que ya teníamos comprado desde Uruguay, a las Islas del Acuario, Cayo Haines y Johny Cay. Junto con un par de personas que también estaban en el hotel nos llevaron caminando (unas tres cuadras) hasta el puerto de donde salía el paseo y de ahí nos apretaron cual sardinas en una lancha. Algo frecuente en este viaje (pasó por ejemplo en la Chiva en Bus que hice en Cartagena la semana anterior, entre otros ejemplos) es que los operadores turísticos calculan los espacios súper súper justos, tanto que no hay lugar para mover mucho los brazos, y más con el chaleco salvavidas, que es obligatorio.

Puertito de San Andrés

Puertito de San Andrés

Ya el agua del puerto era azul, pero ni comparación con el turquesa al que llegamos unos minutos más adelante, cuando llegamos a dos islitas, El Acuario Rose Cay y Cayo Haines, que están tan cerca y el agua es tan baja entre ellas que se puede cruzar caminando. Nosotros no lo hicimos porque queríamos llevar las cámaras de fotos (no sumergibles) y mochilas, así que en vez de eso nos tomamos una “bicicleta”, o sea, unas lanchitas como las que hay en el Parque Rodó de Montevideo que funcionan a pedal.

San Andres Colombia (4)

El Acuario Rose Cay

El Acuario Rose Cay

La lancha nos dejó en El Acuario y como no pensábamos bucear aceptamos la oferta de andar en un minibarquito con piso de vidrio. Fue interesante, porque ni bien empezó a navegar pudimos ver mantarrayas, corales vivos y decenas de cardúmenes de peces de colores. También sumó que los guías eran dos morochos súper divertidos, con toda la onda, e iban animando muy bien todo el paseo.

Corales en San Andres

Corales en San Andres

San Andrés

San Andrés

San Andrés

El Acuario visto desde el cayo de enfrente

Cuando volvimos al Acuario Rose Cay, cruzamos en lachita a pedal a Cayo Haines, que es bastante más grande, donde vimos muchísimas palmeras y un bar de playa muy onda reggae, con los colores de Bob Marley por todos lados.

San Andrés

Cayo Haines, San Andrés

Volvimos a El Acuario y almorzamos en el parador -estaba incluido en el paquete- pescado, arroz con coco y patacones. Después Flo alquiló un snorquel para ver peces en la playa de El Acuario, a muy pocos metros del parador. Es increíble que, hasta el momento, mi idea de un acuario era una galería con vidrios gigantes desde donde se ven peces como si fueran cuadros; acá los cardúmenes de animales de colores te pasan a pocos centímetros -aunque casi nunca te tocan. Yo también usé un ratito el snorquel y se veía genial, pero no me entiendo muy bien con esos aparatos (me las arreglo para tragar agua siempre) así que se lo devolví al toque y me conformé con mirarlos desde arriba.

El Acuario, San Andrés

El Acuario, San Andrés

Serían las dos de la tarde, creo, cuando en el mismo barco nos fuimos a la siguiente atracción, el cayo Johnny Cay, que queda bien arriba de la isla, casi enfrente a la punta norte. Ahí hay reposeras y carpitas, donde nos quedamos para disfrutar un rato de la playa. Calculo que no necesito repetir que la arena era blanca como harina y el agua súper turquesa y caliente.

El regreso, a eso de las 4, un tanto convulsionado, porque otra vez nos volvieron a apretar como sardinas, pero encima incluyeron en el barco a otro grupo que -supuestamente- había pagado por una lancha individual. Así que el clima a la vuelta un tanto convulsionado.

Decemeron Acuarium

Nuestro hotel, el Decemeron Acuarium, visto desde el barco

Al llegar nos dio el tiempo para unos tragos (me hice adicta a la Piña Colada) en la piscina.

Piscina del Decameron Aquarium, donde a la noche hay shows

Piscina del Decameron Aquarium, donde a la noche hay shows

Ahí nos enteramos que en nuestro hotel también se podía alquilar snorkels y nadar con pececitos, no en vano se llama “Decameron Aquarium”.

San Andres Colombia (1)

No hay playa con arena porque está en una zona rocosa, pero lo que si tiene es una bajada directa al mar, con reposeras sobre un deck. Nos dijeron también que todos los días a cierta hora (no recuerdo bien cual, pero alrededor de 5.30pm) aparecen mantarrayas, porque les dan de comer.

Decameron Aquarium

Decameron Aquarium

Decameron Aquarium

Decameron Aquarium

Decamerón Aquarium

Decameron Aquarium

Fuimos hasta ahí y justo estaba empezando la “ceremonia”. Había niños y adolescentes, pero la que monopolizó la tirada de comida a los peces fue Flo -en su defensa les cuento que una vez ella ofreció en voz alta si alguien más quería hacerlo, pero nadie contestó por dos segundos así que ella siguió, divirtiéndose como una nena, como lo muestran estas imágenes.

San Andres Colombia (11)

San Andrés

San Andrés

Después pasamos por nuestra habitación, nos bañamos y fuimos a recorrer el centro, que queda en la zona del hotel y es muy chiquito, apenas un par de cuadras, repletas de hoteles y free shops.

Centrito de San Andrés

Centrito de San Andrés

San Andres Colombia (16)

No se si por hambre por o falta de otro plan mejor, pero apenas había anochecido que ya nos fuimos a cenar (raro para nosotras porque serían tipo 7.30 y estamos acostumbradas a comer a las 10 pm).Todas las noches hay show en la piscina a las 10 PM, y como terminamos de comer muchísimo antes, decidí dormir una siestita entretanto.

Lo del show fue muy gracioso porque, de las 100 o 200 personas que lo estaban mirando… justo eligieron a Flo para una parte interactiva! Había que contestar: ¿Cuántos 9 hay entre 1 y 100? y ella ganó -dejó bien parado al Uruguay- y después la hicieron bailar, yo no podía parar de la risa!!! El premio fue una botella de champagne.

El show terminó a las 11 y después nos fuimos un ratito al pub, donde estaban pasando “El serrucho” y otros requetones a más no poder. Estuvimos un ratito y después fuimos hasta el centro, donde entramos a un boliche, Coco Loco. Era súper grande pero no nos gustó: si bien soy partidaria de ir a boliches de locales -y no a los específicos de turistas- este quizás era demasiado local, a pura salsa, y en la pista todos bailaban de a dos, sabiéndose muy bien todos los pasitos. Creo que no llegamos a durar media hora adentro.

Día 13 en Colombia, sábado 26. San Andrés

En la isla hay dispersos 6 hoteles de la cadena colombiana Decameron -la que nos alojamos- y lo divertido es que al hacer check in te dan una pulserita, con la cual podés usar las instalaciones de los seis hoteles, piscinas y tomar lo que quieras en las barras. También podés almorzar y cenar en cualquiera, pero para eso tenés que reservar un día antes.

Todos ellos se encuentran en la costa este de la isla, que es la que tiene playas, pues la oeste es costa rocosa. Empezando desde el norte podemos encontrar el Mary Land, luego El Isleño -que tiene centro de convenciones- más adelante Delfines, muy cerca el Aquarium (el que nos quedamos nosotras), bajando hacia el sureste el Marazul y más al sur todavía el San Luis. Además, entre el Marazul y el San Luis hay un parador de Decameron -que no tiene hotel- donde se ubica el club de playa de la cadena. Queda justo enfrente a Rocky Cay, una isla chiquita a la que podés llegar caminando porque das pie todo el camino.

El día anterior habíamos hecho las reservas necesarias, así que este día lo dedicamos a disfrutar de la cadena desayunando en nuestro hotel y yendo luego al Decameron San Luis, en bus. La playa era turqueza pero tenía muy poca arena, así que preferimos relajarnos un ratito en la piscina, con tragos en mano. La decoración era super distinta al que estamos nosotros, mas selvática, lleno de palmeras y con las paredes de colores intensos.

Decamerón San Luis

Decamerón San Luis

Decameron San Luis

Decameron San Luis

Después de almorzar ahí seguimos para el parador de Cocoplumbay, enfrente al cayo Rocky Key, y aprovechamos a full el hecho de que no hay que pagar las carpitas, las reposeras ni los tragos. Lo que no hicimos -vagas nosotras- fue ir caminando al cayo ese, el Rocky Cay propiamente dicho. Nos desmotivó bastante que se había nublado, aunque seguía haciendo calor.

San Andres Colombia (9)

Decameron San Luis

Decameron San Luis

Pasamos por el hotel, nos bañamos, cambiamos, y fuimos caminando al hotel donde teníamos la cena, Los Delfines, que es un hotel boutique. A diferencia del almuerzo -donde solo habíamos conseguido turno para el bufet– aquí si conseguimos lugar para el restaurante a la carta. Que me pareció deli, entre las opciones había trucha y me encantó, por más que tuviera espinas. El hotelito era boutique, tenía una onda americana de esos tipo Melrose Place, con la piscina en el medio y habitaciones bastante sobrias en la vuelta. Antes de volver recorrimos los free shops y salí con una adquisición: unos lentes nuevos Ray Ban, modelo Wayfarer. Flo, en cambio, se llevó un disco duro portátil y algunos regalitos para su familia.

Volvimos al hotel, agotadas, y aunque teníamos pensado salir -nos recomendaron uno que no me acuerdo- no nos dio la nafta y caímos rendidas en la cama.

Día 14 en Colombia, domingo 27. San Andrés – Bogotá

Flor se tomó su avión temprano. Yo aproveché para dormir un poco más que de costumbre, armé la valija, hice check out, almorcé en uno de los dos restaurantes bufet y después decidí tomarme un city tour, para conocer todas las partes de la isla que no había visitado en los dos días anteriores. Lo cómico es que en vez de ser en la típica combi de los tours, este era en una chiva, un bus de colores antiguo, sin ventanas, que antes se usaba en Colombia como medio de transporte.

Chiva Rumbera

Chiva Rumbera

El bus nos levantó a las 2 de la tarde por el Decameron Aquarium (mi hotel) y bajó por la costa este hacia el sur hasta llegar al Decameron San Luis (donde almorcé ayer) a levantar más pasajeros. Una vez que estaban arriba todos los que tenían que estar, nos ofrecieron refrescos y cervezas, y empezó el tour propiamente dicho.

San Andres Colombia (30)

Primero recorrimos el centro de la isla, que se llama La Loma porque es la parte más alta; allí viven la mayoría de los nativos, apodados isleños o raizales, por lo que al recorrer sus calles uno puede conocer la arquitectura isleña tradicional típica de los pueblos de Colombia.

La isla fue descubierta en 1629 por ingleses, y conquistada posteriormente por españoles en el siglo XVIII. Aunque pertenece oficialmente a Colombia y el idioma oficial es el español, entre los nativos predomina el inglés, y también un dialecto llamado “creol”, que es similar al inglés pero resumido (brother, por ejemplo, se resume a “broda”, “mother” a “moda”); sin embargo por lo rápido y la forma en que lo hablan resulta muy difícil entenderlo para alguien que no vive en San Andrés. De hecho, fue creado justamente en la época de la esclavitud para poder comunicarse sin que sus amos entendieran.

La isla tiene 27 Km2 de superficie y el número de personas que viven allí no está claro, pues hubo confusiones en varios censos, pero se estima que son unos 80 mil habitantes. Casi todos viven del turismo, directa o indirectamente, pues no solo está el personal que trabaja en hoteles, restaurantes y tiendas, sino que quienes cultivan – maíz, yuca, caña de azúcar, naranjas, plátanos, cocos y varias frutas tropicales- lo consumen y venden a hoteles y restaurantes.

Sobre uno de estos puntos altos hubo una parada, desde un lugar que ofrecía una vista espléndida de las playas y el mar de la costa este. Desde ahí tuvo mas sentido el hecho de que a San Andrés le digan “el mar de siete colores”, porque se podía apreciar claramente delimitado el azul de las partes de agua honda, el celeste clarito de las partes llanas, el rojo y marrón de los corales, y el verde del agua con vegetación. ¿Los otros dos colores? Bueno, calculo que serán el beige y blanco de la arena.

San Andrés

San Andrés

Otra parada del centro fue frente a su primera iglesia Iglesia Bautista, construida en 1847 con maderas traídas de Alabama y con un estilo muy sureño. En el camino nos topamos con varios viajeros en carritos de golf -que los podés alquilar por el día para recorrer la isla- y motos.

San Andres Colombia (22)

San Andrés

San Andrés

De ahí el bus subió hacia el norte, la zona urbana de la isla, que se llama “Nord End”; ahí están los hoteles, edificios gubernamentales, tiendas, restaurantes, el aeropuerto y la playa principal

Sprat Bight

Sprat Bight

Una vez llegados a la punta más al norte el bus agarró hacia la costa oeste de la isla, lugar que yo todavía no había visto. Me preguntaba porqué los hoteles estaban casi todos aglutinados ahí en el North End, o sino esparcidos frente a las playas de la costa este. La respuesta fue obvia: al dar la vuelta me di cuenta que la costa oeste es totalmente rocosa. Sin embargo descubrí en la parte norte de la costa oeste a Sarie Bay, el barrio residencial donde viven los empresarios, comerciantes y profesionales más pudientes de la isla. No es Beverly Hills así que no hay que esperar mansiones, pero si casas bastante coquetas.

Plazoleta Coral Palace

Plazoleta Coral Palace

Bajando hacia el sur (todo por la costa oeste) llegamos a otra atracción, la Cueva del Capitán Morgan, una especie de complejo turístico donde está una réplica de un barco de madera, una choza con muñecos tipo piratas, otra choza donde exhiben artesanías hechas con coco, y lo más importante: una cueva subterránea con un laguito, decorada con un baúl antiguo, que se llama justamente Cueva de Morgan. La verdad que no me pareció nada del otro mundo, si no fuera porque el tour en chiva lo incluía, no hubiera ido. Es como un invento armado para turistas. Salvo que se viaje con niños: ellos si estaban fascinados con todas las cosas de piratas que había.

Cueva del Capitan Morgan

Cueva del Capitan Morgan

Cueva del Capitán Morgan

Cueva del Capitán Morgan

Cueva del Capitán Morgan

Cueva del Capitán Morgan

Cueva del Capitán Morgan

Cueva del Capitán Morgan

Cueva del Capitán Morgan

Cueva del Capitán Morgan

Artesanía con coco

Artesanía con coco

La penúltima parada fue en una parte de la costa oeste más al sur que se llama “la piscinita” porque es como una piscina natural donde se puede nadar con peces, sin hacer pie. Uno puede zambullirse, tirarse de un tobogán, o bajarse por una escalera. Obviamente, elegí la última opción.

La piscinita

La piscinita

El paseo terminó en el “hoyo soplador”, que es un hueco en la roca, a 30 metros del mar, del cual cada tanto sale agua y ruido como si fuera un géiser. ¡Muy divertido la verdad! El agua sale con un viento fuertísimo así que te da un poquito de miedo de caerte.

Hoyo Soplador, San Andrés

Hoyo Soplador, San Andrés

Al regresar al hotel todavía no había anochecido, así que me bañé un rato en la piscina, tomé algún trago, cené, miré el show y cuando terminó (11 PM) todavía quedaba una hora para que un remise me pasara a buscar para ir al aeropuerto. Me fui a esperar al lobby, aproveche para bajar fotos a la compu -no usé internet porque Decameron Aquarium no tiene wifi (te cobra internet aparte y casi siempre está fuera de servicio) ese es el único gran contra que le encontré al hotel. Pero algo genial que tiene es que, por más que hagas check out al mediodía al salir de tu habitación, la pulserita de acceso libre a todo no te la sacan hasta que te vas. Por eso pude disfrutar todo hasta que me fui.

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